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Sentir que estoy más viva que nunca en África


¡Hola! Soy Irene, voluntaria que estará por 3 meses y pico en TATU project.

Durante todo este tiempo que llevo aquí, he experimentado muchísimas sensaciones, creo que me atrevo a decir que se ha disparado mi nivel de felicidad. Da vértigo reconocer cuando uno se siente tan bien, contribuye a ello este increíble país, y sobre todo su maravillosa gente. Te sientes como en casa desde el primer día, y lo más curioso es que, en medio de todo el caos de la ciudad de Moshi, encuentras la paz interior.

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Podría destacar muchas cosas, pero lo más significativo para mí es el trabajar en el proyecto de la bisutería con las maasai. Ellas son alucinantes; conocer de primera mano esta cultura es para mí un regalo. Me encargo, junto con mi compañera Sandy, de coordinar el trabajo de la bisutería que nace de la idea de trabajar con el grupo de mujeres Maasai de la comunidad de Msitu wa Tembo, para que puedan emprender por sí solas el negocio de la bisutería que ellas mismas diseñan y promover su cultura y artesanías tradicionales. De esta forma se pretende conseguir el empoderamiento de este colectivo, con el fin de que puedan alcanzar autonomía y autodeterminación. Esta experiencia empresarial también potencia el trabajo en equipo y oportunidades económicas, dentro de esta cultura que gira en su mayor parte en torno a su ganado vacuno.

Una de las cosas que me ha hecho más feliz fue poder asistir a una celebración del pueblo maasai. Fuimos Sandy, Ramón y yo, la sensación que tuvimos no era de ser unos turistas “mzungus” (blancos), sino que nos hicieron sentir que formábamos parte de la fiesta, participamos y bailamos como ellos, ¡al son de sus ritos! Primero salían por separado todas las mujeres, vestidas con sus típicas telas coloridas y cargadas con toda la bisutería… algunas no podían a penas ver de todo lo que les colgaba de la cabeza. Se pusieron primero en medio círculo a cantar, como una especie de “mantra”, e iban saltando en parejas que salían de los extremos e iban cerrando el círculo. Sandy y yo lo hicimos, en ese momento no sabía qué hacer, era todo tan surrealista, de pronto me vi allí, con ellas… solo me salía reír mucho y disfrutarlo.

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Luego nos cogieron de las manos y nos invitaron a entrar a una de las casas de adobe que había, allí nos trajeron carne de cabra y una soda (sí, ¡coca-cola llega a cualquier rincón del mundo!), después un plato de “pilau” (arroz con especias) bien grande, y todo lo comimos con las manos, ¡muy auténtico! En esa casa solo entraba gente, y la maasai que estaba con nosotros me pedía “picha picha” (foto foto) de cada uno que entraba… Ahora tengo fotos de casi todos los miembros de la tribu, como yo digo, son tesoros y soy afortunada de poder tenerlas, y sobre todo de poder haber vivido eso tan “mágico”… y allí, con todo eso, entiendes que no necesitas nada, que pocas cosas te pueden llegar a hacer tan feliz…

Después salieron los hombres, cantando también, se colocaban en fila e iban caminando, después en medio círculo iban saltando, algunos parecían que volaban.

Cada día doy gracias a África por hacerme sentir, durante estos tres meses que llevo aquí, que estoy más viva que nunca.

Todo esto lo escribo en el dala-dala (mini bus), camino a Msitu wa Tembo, comunidad a la que voy todos los martes. Cuando hago este camino es cuando me da tiempo de parar y sentir todo lo que os he contado en estas líneas.

“Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco…”

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