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No esperes mucho para ser voluntario


Era a principios de julio, yo recién había llegado a Tanzania hacía dos o tres días y aquí me encontraba en la parte trasera de un camión, el polvo y la alocada forma de conducir eran las mejores señales que estábamos lejos de nuestra pequeña Canadá. Finalmente estaba yendo a Msitu Wa Tembo. Las mujeres de las que habíamos oídohablar por meses estaban a solo 30 (arriesgados) minutos. La primera vez que cogeseste bus, piensas que bien podría ser la última. Pero después se convirtió en uno delos momentos más culminantes de mi día. Cada mañana el paseo era un poco fuerte pero funcionaba bien para despertarme… Y al final de cada día, tenías la oportunidad de disfrutar la puesta de sol, las tierras, el Kilimanjaro y la paz. Despuésdel paseo por camión, llegabas a la comunidad de Msitu.Voluntario ONG

Tengo que admitir que quedé muy impresionada por la bienvenida que recibimos la primera vez que nos encontramos con todas las mujeres. 100 personas que no comparten tu idioma pueden asustarte un poco y, sin embargo, pasé más de un mes con mi compañero Mika disfrutando cada reunión, cada discusión, cada clase que tuvimos con estas mujeres. Y tengo que decirlo: ¡fue más divertido y enriquecedor que aterrador, créanme!

Nuestra tarea era facilitar a los diferentes grupos de mujeres lograr diferentes proyectos que les permitirían ser más independientes y proactivas en sus actividades. Significó mucho para ellas el no esperar únicamente por alguna ayuda financiera pero posibilitarles tomar el control de su futuro y destino. Para este fin, primero implementamos las normas y regulaciones del programa de micro-crédito. Todo lo logramos con la gran ayuda de nuestra traductora Sara (cuyo trabajo y paciencia fueron increíbles, ¡muchas gracias Sara!), y luego vino el momento de las clases con cada uno de los grupos, enseñando a cada mujer cómo llevar un negocio (¡empezamos con lo básico!).

Estos momentos que pasamos, solo nosotros con Sara (quien se convirtió como en nuestra segunda madre), los pequeños grupos en la clase o las grandes reuniones con todas las mujeres, me enseñaron tanto sobre las relaciones. Éramos jóvenes, sin experiencia para enseñar, y no podíamos hablar su idioma con fluidez, pero aún así estas “alumnas” estaban increíblemente dispuestas a aprender y te mostraban que cada esfuerzo que hicieras estaba lejos de no valer la pena. Adquirí mucha confianza en lo que las personas pueden lograr juntas aún cuando las circunstancias parezcan duras al principio. Nada es duro, solamente requiere un poco más de fe y confianza en las capacidades de cada uno, incluso de las tuyas.

Sé que a veces podemos sentir que no estamos listos todavía, como si tuviéramos toda nuestra vida por delante y tendremos mucho tiempo para descubrir otras partes de nosotros mismos. Pero puedo decirte algo que estos meses en TATU Project me enseñaron: no esperes mucho para ser voluntario, para ir afuera y experimentar cómo es. Primero que todo porque nunca te arrepentirás y nunca es demasiado temprano para aprender algo sobre ti mismo. Pero también porque aunque no te des cuenta todavía, estas personas, estas mujeres que conocí (y a quienes ayudé tanto como ellas a mí), merecen que las animen. Merecen que se les acompañe también en su deseo de ser más libres y alcanzar sus proyectos, y de descubrir otra parte de ellas mismas también.

Voluntariado en ONG

Proyectos de TATU Project

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